Interpretación VS Traducción

Como la traducción y la interpretación son áreas de trabajo íntimamente relacionadas, se suelen citar indistintamente. Y si bien ambas requieren unos profundos conocimientos lingüísticos y culturales, dominio de la materia y capacidad para comunicarse con claridad, existen diferencias esenciales entre los servicios de interpretación y de traducción debido al medio en que se prestan y al conjunto de habilidades que activan: los intérpretes traducen oralmente el idioma hablado, mientras que los traductores se encargan de traducir textos escritos.

La interpretación es un servicio que se produce en el momento. Se presta en vivo, ya sea mientras el ponente u orador habla (interpretación simultánea) o justo después de su intervención (interpretación consecutiva). Todo esto sin ayuda de guiones, diccionarios ni otros materiales de consulta. Los intérpretes profesionales tienen que trasladar el mensaje del idioma de origen (el idioma que se va a traducir) al idioma de destino dentro de un contexto. Para ello, manteniendo el significado original, deben reformularlo, mediante expresiones idiomáticas, coloquialismos y referencias culturales específicas que permitan que el público al que se dirige pueda entenderlo. Los únicos recursos con los que puede contar un intérprete al prestar sus servicios son la experiencia, una buena memoria y unos rápidos reflejos.

El trabajo de los intérpretes se centra en proyectos que impliquen traducciones en directo: conferencias y reuniones, consultas y citas médicas, procedimientos judiciales, interpretaciones en programas de TV en directo, lengua de signos…

Quizá la gran diferencia entre la interpretación y la traducción es que la mayoría de los traductores profesionales utiliza herramientas informáticas al realizar su trabajo. Con estas herramientas es posible convertir el contenido de origen en un tipo de archivo con el que sea fácil trabajar (normalmente un RTF), aplicar una memoria de traducción al texto para que traduzca automáticamente cualquier cosa traducida antes y completar las partes sin traducir desde cero. Mientras el traductor trabaja en el texto puede consultar glosarios y guías de estilo para garantizar la calidad de la traducción. Por último, otro lingüista revisará la traducción y el texto final escrito se convertirá al formato original para que el documento traducido sea lo más parecido posible al de origen.

Los traductores se encargan de traducir cualquier tipo de información escrita: páginas web, textos impresos, subtítulos de vídeos, software, multimedia…

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